viernes, 7 de enero de 2011

La dama del Alba - Alejandro Casona.

"Peregrina.- Tengo nombre de mujer. Y si alguna vez les hago daño no es porque quisiera hacércelo. Es un amor que no aprendio a expresarse... ¡Que quizá no aprenda nunca! (Baja a un tono de confidencia íntima) Escucha, abuelo. ¿Tú conoces a Nalón el Viejo?
Abuelo.- ¿El ciego que canta romances en las ferias?
Peregrina.- El mismo. Cuando era un niño tenía la mirada más hermosa que se vio en la tierra; una tentación azul que me atraía desde lejos. Un día no pude resistir... y lo besé en los ojos.
Abuelo.- Ahora toca la guitarra y pide limosna en las romerías con su lazarillo y su plato de estaño.
Peregrina.- ¡Pero yo sigo queriéndole como entonces! Y algún día he de pagarle con dos estrellas todo el daño que mi amor le hizo.
Abuelo.- Basta. No pretendas envolverme con palabras. Por hermosa que quieras presentarte yo sé que eres la mala yerba en el trigo y el muérdago en el árbol. ¡Sal de mi casa! No estaré tranquilo hasta que te vea lejos.
Peregrina.- Me extraña de ti. Bien está que me imaginen odiosa los cobardes. Pero tú perteneces al pueblo que ha sabido siempre mirarme de frente. Vuestros poetas me cantaron como a una novia. Vuestros místicos como a una rendición. Y el más grande de vuestros sabios me llamó "libertad". Yo misma se lo oí decir a sus discípulos, mientras se desangraba en el agua del baño: '¿Quieres saber dónde está la verdadera libertad? ¡Todas las venas de tu cuerpo pueden conducirte a ella!'
Abuelo.- Yo no he leído libros. Sólo sé de ti lo que saben el perro y el caballo.
Peregrina.- (Con profunda emoción de queja)Entonces, ¿Por qué me condenas sin conocerme bien? ¿Por qué no haces un pequeño esfuerzo para comprenderme? (Soñadora)También yo quisiera adornarme de rosas como las campesinas, vivir entre niños felices y tener un hombre hermoso a quien amar. Pero cuando voy a cortar las rosas todo el jardín se me hiela. Cuando los niños juegan conmigo tengo que volver la cabeza con miedo a que se me queden fríos al tocarlos. Y en cuanto a los hombres, ¿De qué me sirve que los más hermosos me busquen a caballo, si al besarlos siento que sus brazos inútiles me resbalan sin fuerza sobre mi cintura? (Deseperada) ¿Comprendes ahora lo amargo de mi destino? Presenciar todos los dolores sin poder llorar… Tener todos los sentimientos de una mujer sin poder usar ninguno… ¡Y estar condenada a matar siempre, siempre, sin poder nunca morir!
Abuelo.- Pobre mujer.
Peregrina.- Gracias, abuelo. Te había pedido un poco de comprensión y me has llamado mujer, que es la palabra más hermosa en labios de hombre. (Toma el bordón que ha dejado apoyado en la chimenea) En tu casa ya no tengo nada que hacer esta noche; pero me esperan en otros sitios. Adiós.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario