sábado, 30 de octubre de 2010

Aburrimiento, desorden, imaginación y recuerdos.

No tengo nada que escribir, pero estoy tan aburrida que necesito hacerlo...
¿Sobre qué tema escribo? Sinceramente no lo sé. Miro a mi alrededor para orientarme, pero no encuentro nada interesante... Visualizo mucho desorden, un libro, esmaltes de uñas, lentes, un vaso con jugo, CDs, un paquete de cigarrillos. Podría escribir acerca de alguna de esas cosas, pero no sé cual elegir.
Pienso y me acuerdo que de chiquita, escribir me resultaba muy fácil. Siempre tenía una nueva historia en la cabeza para pasar a un papel. También de chica, esa imaginación (ayudada por la maldición-bendición de ser hija única), hacía que esté siempre jugando...
Tenía unos angelitos de cerámica o porcelana fría, a los que amaba. Siempre jugaba a que estaban en el cielo, y a cada uno le inventaba una muerte. Por ejemplo, una rubiecita había muerto de cáncer, a un nene lo habían asesinado, y a la más chiquita de la colección, un camión la había pisado (Sí, siempre fui así de tétrica).
Una vez que se conocían, Dios, a cada uno le designaba un nene en la tierra a quien cuidar, ya que ellos por ser tan puros, se habían convertido en ángeles de la guarda.
Pasaba horas y horas jugando a eso, y nunca me aburría.
Me acuerdo que otro juego que me gustaba mucho era el de doctora. Siempre tenia una misión nueva, en alguna parte del mundo, para cumplir y al final de la jornada, siempre me llevaba un nene huérfano a casa para criar con mi marido imaginario.
Tenía los mejores maridos de la galaxia y aunque nunca pude visualizarlos o poner un prototipo de hombre en mi mente, me bastaba con saber la personalidad que tenían. Eran todos graciosos, dulces, caballeros y creian no existía mejor mujer que yo... Eso era lo que más "me enamoraba de ellos".
También tenía muchas Barbies, cada una con su historia de vida y con su esencia bien definida. Tenía desde felizmente casadas, hasta madres solteras, viudas o solteronas sin hijos, pero con mascota.
Jugaba todo el tiempo, soñaba mucho despierta (lo que todavía sigo haciendo), y hasta mantenía largas charlas sola con mi tío Marcelo (para mi, mi ángel) o con Dios.

Ahora paro de escribir, miro el monitor y sonriendo me doy cuenta que escribí más de lo deseado...
Por suerte, creo que todavía la imaginación no la perdí, y espero no perderla nunca.

1 comentario:

  1. Te sonrío por lo que escribiste :) ♥
    Y te cuento que tengo dos antifaces: uno de Cosmo y uno de Wanda! :D

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